Artigo | Del "Tío Canónigo" al carrerismo eclesiástico contemporáneo

 

DEL "TÍO CANÓNIGO" AL CARRERISMO ECLESIÁSTICO CONTEMPORÁNEO

 La crítica perspicaz a las instituciones sociales, a la política, a las relaciones humanas y a la religión es una característica destacada de la obra de Machado de Assis, especialmente en su período realista. Memórias Póstumas de Brás Cubas (1881) presenta un retrato de la sociedad carioca del siglo XIX, repleto de ironía y desilusión. En este escenario, el "Tío Canónigo" aparece como una figura aparentemente virtuosa, pero que en esencia demuestra una espiritualidad superficial y burocrática. La descripción irónica de Machado deja en claro que la principal preocupación del personaje no estaba en la centralidad del Evangelio, sino en los elementos externos de la Iglesia.

 Esa representación literaria no debe verse solamente como una caricatura. Más bien, presenta una crítica social y religiosa amplia: la falla de ciertos miembros del clero en convertir la fe en práctica, limitándola a una serie de protocolos y títulos honoríficos. Machado, consciente del contexto de su época, reconoció que la religión institucionalizada estaba en peligro de perder su naturaleza profética, transformándose en un ambiente de preservación del estatus y de la distinción social.

 Actualmente, el análisis de este personaje ofrece una conexión productiva para reflexionar sobre el fenómeno del carrerismo eclesiástico. Si en el siglo XIX el “Tío Canónigo” simbolizaba la búsqueda de dignidad clerical como medio de prestigio social, en el siglo XXI observamos fenómenos semejantes, en los que la ascensión en la jerarquía de la Iglesia puede interpretarse como una estrategia para obtener poder, influencia o reconocimiento. Así, este artículo propone un análisis crítico que integra literatura y teología pastoral para reflexionar sobre la relevancia del tema.

I. El Tío Canónigo: apariencia y mediocridad espiritual

 La descripción que Brás Cubas hace del Tío Canónigo es reveladora: es un hombre severo, piadoso y estricto en el cumplimiento de las reglas externas, pero sin profundidad espiritual. Machado destaca que estaba más preocupado por el ritual litúrgico que por los mandamientos, más por las "sobrepellices" y jerarquías que por la esencia de la fe. La ironía presente en la obra de Machado revela una religiosidad que se contenta con las apariencias, pero que no es capaz de inspirar ni de moldear conciencias.

 Esa superficialidad está íntimamente ligada a su ambición. La meta máxima de su vida era convertirse en canónigo, dignidad que, aunque legítima, fue buscada más como coronación de estatus que como servicio pastoral. La crítica machadiana es clara: la búsqueda de títulos y funciones eclesiásticas, cuando está desligada de la centralidad del Evangelio, conduce a la mediocridad espiritual. El personaje es ejemplar en algunos aspectos morales, pero incapaz de comunicar e infundir virtudes en los demás. Su piedad es individualista, sin fuerza transformadora.

 Por lo tanto, el “Tío Canónigo” es más que un personaje literario: simboliza una forma de clericalismo que reduce el ministerio a formalismos, vaciándolo de su dimensión misionera y profética. Es una denuncia, hecha a través de la vía literaria, del peligro de una Iglesia que privilegia los títulos y jerarquías en detrimento del testimonio y de la vivencia concreta de la fe cristiana.

II. Machado de Assis y la crítica al clericalismo

 La crítica de Machado de Assis debe leerse en el contexto histórico del siglo XIX, cuando la Iglesia en Brasil todavía estaba subordinada al sistema del Patronato. En ese modelo, el Estado ejercía fuerte influencia sobre la vida eclesiástica, nombrando obispos y controlando actividades religiosas. Ese vínculo favorecía la instrumentalización de la religión como forma de prestigio social, y no pocas veces el clero era visto como parte integrante de la élite dirigente, más preocupado por mantener privilegios que por vivir la radicalidad evangélica.

 En ese contexto, el "Tío Canónigo" representa una síntesis del conflicto entre espiritualidad y poder. No es corrupto ni inmoral, sino un religioso atado a formalismos, cuyo mayor deseo era obtener un título honorífico. Machado no menosprecia la fe cristiana en sí, sino que critica la superficialidad de una práctica religiosa que se preocupa más por las apariencias. Al hacerlo, anticipa debates que la Iglesia terminaría enfrentando, especialmente a partir del Concilio Vaticano II, que buscó recuperar los aspectos comunitarios, misioneros y proféticos del ministerio ordenado.

 De este modo, Machado revela, con su fina ironía, un problema estructural de la vida religiosa: el riesgo de transformarse en mera formalidad institucional, sin profundidad espiritual. El “Tío Canónigo” sigue siendo actual porque simboliza una tentación permanente: la de reducir la fe a burocracia, la de transformar el ministerio en carrera, la de buscar en el altar una escalera de prestigio, y no un camino de servicio.

III. Carrerismo eclesiástico hoy: tentación permanente

 En el mundo contemporáneo, el carrerismo eclesiástico asume nuevas formas, pero mantiene la misma lógica identificada por Machado de Assis. El Papa Francisco ha denunciado constantemente ese riesgo, llamándolo “mundanidad espiritual”. En sus palabras, se trata de la tentación de transformar el ministerio pastoral en un medio de autopromoción, buscando cargos, reconocimiento y privilegios, en lugar de servicio humilde (FRANCISCO, 2013). Esa realidad amenaza directamente la credibilidad de la Iglesia y el testimonio cristiano.

 En muchas partes del mundo, incluso en Brasil, se observa que el carrerismo se manifiesta en la valorización excesiva de títulos, cargos administrativos y honores. El sacerdote o el obispo puede ser evaluado más por la eficiencia burocrática y por la obediencia a las normas de etiqueta que por su capacidad de pastorear, escuchar y servir. En ese sentido, el “Tío Canónigo” sigue vivo: en su preocupación por los formalismos, anticipa la figura del clérigo contemporáneo más preocupado por la ascensión institucional que por la cercanía con el pueblo de Dios.

 Sin embargo, esto no es solo un problema personal, sino estructural. El carrerismo surge de una eclesiología jerárquica mal interpretada, que convierte los ministerios en niveles de autoridad. Documentos recientes, como Evangelii Gaudium y Gaudete et Exsultate, enfatizan una Iglesia en movimiento, enfocada en la misión y en el servicio, contraria al clericalismo autorreferencial. Para resistir a esa tentación, es necesario preparar pastores según el corazón de Cristo, que sepan vivir la sencillez evangélica y resistir el encanto del prestigio humano.

IV. Entre la tradición y la profecía

 La crítica al carrerismo no implica desvalorizar la tradición y la liturgia, que tienen importancia fundamental en la vida de la Iglesia. El problema surge cuando esas dimensiones, en lugar de ser medios de encuentro con Dios y de comunión entre los fieles, se transforman en instrumentos de distinción social o en meros rituales externos. El “Tío Canónigo” ilustra exactamente ese riesgo: la sacristía se vuelve más importante que el altar, y la etiqueta clerical más central que la vivencia de los mandamientos.

 En la contemporaneidad, el desafío consiste en rescatar el equilibrio entre tradición y profecía. El Concilio Vaticano II ya había llamado la atención sobre esto, al afirmar que la liturgia debe ser “fuente y cumbre” de la vida cristiana (SC, 10), pero siempre en conexión con la vida concreta del pueblo de Dios. Cuando el rito se separa de la realidad, se vuelve vacío; cuando la jerarquía es vista como un fin en sí misma, se pierde la dimensión de servicio. El carrerismo es, por lo tanto, una distorsión de la tradición, y no su consecuencia necesaria.

 El verdadero liderazgo eclesial debe unir fidelidad a la tradición con apertura profética. El auténtico pastor no es el que acumula títulos o conoce minuciosamente todos los protocolos, sino el que sabe transformar la liturgia en vida, la doctrina en testimonio y la autoridad en servicio. Así, la crítica machadiana sigue siendo actual: nos recuerda que la fe no puede reducirse a etiqueta, y que la Iglesia debe formar líderes espirituales que sean signos vivos del Evangelio en el mundo.

V. Conclusión

 Del “Tío Canónigo” de Machado de Assis al carrerismo eclesiástico contemporáneo, encontramos una línea continua que evidencia una tentación permanente de la vida religiosa: la búsqueda de prestigio, reconocimiento y ascensión jerárquica en detrimento de la esencia del Evangelio. Machado, a través de la literatura, ofrece una crítica que trasciende su tiempo, desenmascarando la superficialidad de una espiritualidad centrada en las apariencias.

 La Iglesia, en su caminar histórico, también ha reconocido esa tentación y buscado caminos para superarla. El magisterio reciente insiste en una Iglesia servidora, misionera y humilde, capaz de ponerse al servicio de los pobres y de testimoniar el amor de Cristo en el mundo. Eso exige no solo reformas institucionales, sino sobre todo conversión pastoral y espiritual.

 De esta manera, el “Tío Canónigo” permanece como una advertencia literaria y teológica: si el ministerio cristiano se reduce a carrera, títulos o protocolos, se vacía de su fuerza transformadora. La superación del carrerismo pasa por el rescate de la esencia del Evangelio, por la centralidad de la misión y por la vivencia auténtica de la caridad. La crítica machadiana, leída a la luz de la teología contemporánea, se muestra actualísima y necesaria.

+Antônio Matheus CARD. CARNEIRO,
Patriarca de Jerusalém

REFERÊNCIAS:

ASSIS, Machado de. Memorias póstumas de Brás Cubas. Río de Janeiro: Garnier, 1881.

CONCILIO VATICANO II. Sacrosanctum Concilium: Constitución sobre la Sagrada Liturgia. 1963.

FRANCISCO, Papa. Evangelii Gaudium: Exhortación Apostólica. Ciudad del Vaticano: Libreria Editrice Vaticana, 2013.

FRANCISCO, Papa. Gaudete et Exsultate: Exhortación Apostólica. Ciudad del Vaticano: Libreria Editrice Vaticana, 2018.

RATZINGER, Joseph (Benedicto XVI). Llamados a la comunión. São Paulo: Loyola, 1997.

SCANNONE, Juan Carlos. La teología del pueblo: raíces teológicas del Papa Francisco. São Paulo: Paulinas, 2016.

SOBRINO, Jon. El principio-misericordia: bajar de la cruz a los pueblos crucificados. Petrópolis: Vozes, 1992.

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